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Temperley: 150 años con el impulso del ferrocarril

Un 16 de octubre de 1870, George Temperley realizó la división de sus tierras y a partir de ese día comenzaría a gestarse la ciudad que lleva su apellido, a menos 20 kilómetros al sur de Capital Federal. Puso en remate 139 lotes. Hoy posee una de las estaciones de transferencias más importantes de Sudamérica. En 1877, vivió el presidente Nicolás Avellaneda. La pasión por su Club.

Por Federico Gastón Guerra

El 16 de octubre de 1870, George Temperley realizó la división de sus tierras y a partir de ese día comenzaría a gestarse la ciudad que lleva su apellido, a escasos 20 kilómetros al sur de Capital Federal, partido de Lomas de Zamora.

La historia cuenta que hacia 1854 un inglés de apellido Temperley y de profesión comerciante, adquiría unas tierras delimitadas por las hoy calles Dorrego, Lavalle, Juncal, Avenida Almirante Brown, Eva Perón y 9 de Julio. La propiedad se la había comprado a la familia Marenco.

La quinta era una de las más lujosas del Río de la Plata. El arquitecto Alberto De Paula escribió en un trabajo sobre esta ciudad lo que un manual turístico decía en 1869: “La quinta del señor Temperley es de lo más agradable que pueda imaginarse: de puro estilo inglés, con hermosos parques a través de los cuales pasa el ferrocarril: debido a esto se ha valorizado mucho dicha propiedad. El señor Temperley está un poco más allá de la estación a la derecha (…) “.

Finalmente, la chacra es dividida totalmente para dar paso al nuevo pueblo.

“Remate clandestino”

Antes de concretar el pueblo, Temperley pensó en la necesidad de una estación de ferrocarril. Por esto el propietario de la tierra le pidió al Ferrocarril Sud que se establezca una estación en esos solares. La empresa le denegó el pedido ya que veían inútil tal gasto porque la estación de Lomas de Zamora estaba a un kilómetro de allí.

A esta negativa, George volvió a insistir pero esta vez fue más precavido: donó las tierras, los materiales para la parada ferroviaria y además dijo que en breve nacería un nuevo poblado en esas tierras vírgenes.

Esta vez la estación se construyó y el nombre elegido fue Temperley (se habilitó en 1871): “Lo cual trajo consigo no sólo pobladores, sino también mejoras económicas. El mismísimo Presidente de la Nación, Nicolás Avellaneda, fue quien le compró a George el sector central de su quinta, lugar donde residió durante un corto tiempo”, destaca el blog Nuestrotemperley. Pasó con los años a ser uno de los nudos ferroviarios más importantes de la Argentina por la cantidad de ramales que llegaban y por sus diez andenes que la convierten en la estación intermedia más grande de América del Sur.

Con todo preparado comenzaron los anuncios, acerca del remate que se haría el 16 de octubre de 1870.

Según consta en el libro sobre la historia de Temperley de los historiadores Gualco y De Paula los anuncios del remate decían: “Venderemos a la más alta postura y sin retirar, los 139 lotes de terreno marcados en el plano, garantizamos al público que la posición de los terrenos es de lo más lindo y lo más pintoresco y alto de Lomas. (…) Tren expreso gratis de ida y vuelta. Sale de la Estación Lima a las 10.30 AM y el viaje dura media hora.

Almuerzo a las once. Remate a las doce“, la firma de este escrito correspondía a la Inmobiliaria Rodríguez Larrazabal y Cía.

El remate de tierras fue un éxito, aunque faltaba un detalle: no se le había dado aviso al municipio de este proyecto y el naciente pueblo no contaba en su trazado con un “centro cívico” bien formado; a raíz de esto en 1872 se efectúa una denuncia en el Concejo Deliberante acerca de la clandestinidad de aquel remate.

Ya algunos años después Temperley se oficializaba y el episodio quedaría para el anecdotario.

La quinta presidencial de Avellaneda

El barrio inglés, está delimitado por las calles Meeks, Garibaldi, Liniers y la avenida Hipólito Yrigoyen y por esas cuadras, pero en 1877, vivió el presidente Nicolás Avellaneda.

El jefe de estado le compró la casa quinta a Jorge Temperley (ver recuadro), un predio que tenia varias manzanas y estaba muy cerca de la antigua estación ferroviaria que era utilizada por el primer mandatario para desplazarse hacia la Capital Federal.

La vivienda contaba con dos patios. La sala y el comedor eran espacios amplios con cielos rasos revestidos de lienzo y muros pintados. La sala tenía piso de madera y un gran espejo de marco dorado, además de sillas y sillones de paja; la iluminación era con una lámpara de kerosene con dos luces.

El investigador Jorge Gualco en su libro “Temperley, su historia y su gente”, describe que el comedor, como correspondía a la numerosa familia del Presidente, tenía una mesa de caoba para doce personas con aparador de caoba y mármol, un sofá, una mesa de ajedrez y un sillón junto a otros muebles. Tenía también en el comedor una estufa de chimenea, un espejo, un reloj de pared, una araña de dos luces, candeleros con fanal y una vajilla que entre otras piezas, incluía dos docenas de platitos de cristal pata helados, todo un lujo para la época.

Templos

De a poco, los grandes terrenos se fueron dividiendo luego de 1871 cuando la fiebre amarilla provocó la muerte en distintas zonas de la Capital Federal. No obstante la idiosincrasia del lugar no se vio mayormente alterada, por eso que en 1911 inmigrantes escoceses construyeron la iglesia Presbiteriana San Andrés, una de las pocas aún existentes. Se inauguró en 1913 y fue encargada en los trazos a los arquitectos Smith y Collcutt.

En un trabajo de los arquitectos Nilda Carbone, Jorge Higa y Marta Lazzari se lee que la iglesia es de características románticas austeras manteniendo el espíritu de culto. Posee tres vitreaux y un rosetón pequeño en la parte superior.

A pocas cuadras, está el templo católico Nuestra Señora de la Piedad inaugurado el 26 de junio de 1931, a instancias de Monseñor Alberti: posee una gran belleza arquitectónica tanto interior como exterior. En el Ateneo Parroquial se desarrollan diversas actividades.

La pasión de todos

Años después, para los festejos del centenario del 25 de Mayo en 1910, los adolescentes se divertían jugando al fútbol en cada baldío o portero de su cuadra. Duelos que se extendían hasta el anochecer y que dirimían el honor del barrio o de la manzana. Y de esas contiendas surgió el génesis del Club Atlético Temperley.

Unos de los escenarios de aquellas disputas futbolísticas de Temperley era un “baldío comprendido entre las calles 25 de Mayo, Brandsen, Pichincha y Suárez y también se jugaba en el delimitado por las calles Guido, Espora, Liniers y Avellaneda”, precisa Marcelo Ventieri historiador del club y miembro del Departamento de Historia y Museo del Club Atlético Temperley.

Eran pibes de hasta 16 años los que influenciados por el despliegue de aquellas festividades de nuestra patria optaron como nombre Centenario para jugar con otros rivales del barrio.

Ventieri resume así la prehistoria del Gasolero en su libro: “Tan sencilla circunstancia constituyó el origen del Centenario Foot-Ball Club o Club de Foot-Ball Centenario, testimoniado por un viejo sello de goma, ‘Club de Foot-Ball Centenario – Temperley – Fundado en 1910’, en homenaje a los 100 años de la gesta de Mayo”.

*el autor es periodista e historiador

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